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Entretelas de la política Atajos: no habrá una sola ley de reforma laboral.

17/09/2017 15:50

El gobierno decidió no enfrentarse al peronismo en algún tipo de guerra por la reforma laboral. En cambio, dará pequeños combates por temas puntuales. El caso Maldonado desnudó una carencia oficial.

“La guerra de Troya no sucederá”; así tituló Jean Giraudoux su obra de teatro más famosa. Tampoco habrá ley de reforma laboral, que es el campo de batalla donde espera el peronismo al gobierno de Cambiemos. Esa reforma pasó a clandestinidad y se librará en cuotas, en despachos de contrafrente, calladamente y entre escaramuzas y negociaciones. De hecho, la reforma comenzó ya el miércoles, con sigilo, en uno de los despachos del piso 13° de la sede del ministerio de Trabajo. El oficialismo desistió de montar una gran batalla, como la que libraron con escasa suerte gobiernos anteriores, y llevará adelante una reforma a la legislación laboral que permita mejorar el perfil de competencia de la economía, pero sin ir a la confrontación con un modelo sindical que no tiene interés en destruir. El gobierno ha enviado en la última semana a medio gabinete a dar este tipo de noticias a los bloques propios y ajenos, y lo primero que les comunicó Jorge Triaca es que se olviden de una ley laboral ómnibus que genere los anticuerpos que cifraron la derrota de los planes de los gobiernos anteriores.

Abajo también el modelo Brasil

Para los operadores del gobierno en esta materia tampoco sirve de modelo la ley desreguladora que sancionó, no sin dificultades, el gobierno de Temer en Brasil. Ese paquete es hoy el sueño de algunos maximalistas de la academia - ese grupo de opinadores que intentan forzar al gobierno a aplicar las recetas de los libros para doblegar a los elefantes blancos del Estado (como los llamaron Horacio Rodríguez Larreta y Mario Quintana en un libro que publicaron cuando eran chicos*). Cautivó a algunos en la mesa de los CEOs, pero Triaca los convenció de que Brasil no tiene el poderoso sistema sindical de la Argentina. Y que por acá conviene usarlo como palanca para reformarlo, pero no intentar derrumbarlo. El ministro de Trabajo, después de todo, es una emanación de la familia sindical, vacunada contra el demonio de la atomización que fragmentaría los focos de discusión. Una ventana al trotskismo, dirían en la CGT.

Ya negocian reforma en cuotas

Para ese plan de reforma en cuotas y por debajo del radar, el gobierno se planteó dos extremos: de lo más fácil a lo más difícil. Lo más fácil fue tema de la primera reunión del miércoles: reformar el sistema de capacitación de manera de reponer la institución de las pasantías. Ese recurso de primer empleo y de la capacitación fue fagocitado por la patria pleitera del fuero laboral y ha quedado reducido a escombros. Las empresas eluden tomar pasantes porque son fuente de demandas laborales por despido. Los sindicatos, que se ocupan de quienes tienen trabajo - no de los desempleados -, están dispuestos a habilitar esa reformar en paz.

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Lo más difícil, convenios en varios niveles

En el otro extremo de las dificultades figura una reforma de fondo y que sí se ampara en el antecedente de la ley Temer de Brasil: habilitar negociación de convenios por rama, por empresa y hasta en contratos individuales, pero sin perder el paraguas del convenio por actividad. Este es el centro del sistema sindical y laboral argentino, que asegura el unicato en cada sector. Es lo que los gremios llaman irónicamente “libertad sindical” (para que no la haya, claro). Las reformas que intentaron los gobiernos anteriores buscaban derrumbar ese edificio que sostiene lo que queda del poder de los sindicatos, que no es mucho. En el modelo brasileño que aquí se toma como inspiración, seguirán rigiendo los convenios por actividad, pero convivirán - según la fórmula que se acuerde - con los convenios por rama y hasta los acuerdos por empresa e individuales. "Va a ser lo más difícil de todo”, admite Triaca cuando se le pregunta por la dimensión de la pelea. Entre la reforma facilona de las pasantías y esta de los convenios según niveles de competencia, hay un puñado de reformas que también se negociarán de a una, de a poco y sin mucha exhibición pública.

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El nuevo con agenda federal, no ideológica

En esas mesas que tantean para adelantar el futuro rige ya una hipótesis para la tarea del Congreso desde diciembre y hasta 2019: será dominado por una agenda federal y no por una agenda partidaria. Los temas que discutirán tienen que ver todos con las relaciones entre la Nación y las provincias, y el sesgo partidario quedará postergado y reducido a la vida interna de cada partido. Estos temas son el reparto de impuestos, el presupuesto, la renovación de las emergencias, la nueva ley del cheque, la ley de responsabilidad fiscal de las provincias, etc. Para esta agenda el número de bloques puede preverse según las tendencias que se manifestaron en las PASO, y hay minutas que circulan como resultado del análisis en particular de cada distrito, en que figuran cada nombre y a qué observancia responde cada legislador. Según ese análisis, en Diputados el bloque de Cambiemos puede llegar a contar con 105 diputados, extensibles a 110 en algunas votaciones si se suman primos-hermanos como Martín Lousteau o Alfredo Olmedo. Enfrente tendrán al Frente para la Victoria con alrededor de 65 diputados y a otro conjunto peronista que sumará en total 55. Una veintena serán del Frente Renovador, que hoy tiene 37 pero entrega el buen número logrado en 2013; les suman unos 34/5 que tendrá el bloque Justicialista que anima Diego Bossio, que puede llegar a duplicar los 17 que tiene hoy.

Urtubey presidencial, Massa vuelve al barrio

Esa formación está en arbitraje de liderazgo porque Juan Manuel Urtubey la empleará para ganar control del peronismo y ponerlo detrás de su candidatura presidencial. Su hombre para eso es Pablo Kosiner y tiene enfrente a una de las damas de hierro del Congreso, Graciela Camaño. Massa especulan todos, se va a la casa, salvo un milagro electoral, y se olvidará de la carrera presidencial para lanzarse a una candidatura a gobernador de Buenos Aires. Con ese balance, el camino legislativo para el oficialismo parece tranquilo porque en cuestiones que polarizan, el voto de Cambiemos podrá contar con el del sector no cristinista (FR más Justicialismo) para doblegar al cristinismo. Sin los jugueteos de Massa, ese alineamiento parece ser el más seguro. En el Senado rige una misma climatología pacífica. Cambiemos prevé alcanzar cerca de 24 legisladores, el peronismo no cristinista de Miguel Pichetto aspira a retener unos 36 y el bloque cristinista quedaría entre 8 y 9. En votaciones de cornisa el oficialismo podrá sumar a los “federales” como Carlos Reutemann y Juan Carlos Romero para imponer sus proyectos.

Cápsula de poder: acá no vamos a entregar a nadie (Macri)

De estos humores pocos se enteran y menos en estos días de ruido y de furia cuando el presidente se pone en lobo feroz y marca líneas de acción que pocos se animan a contradecir. En reuniones de ministros ha tronado, sobre el caso Maldonado: “Acá no vamos a entregar a nadie”. Es una forma de señalar que Patricia Bullrich es incuestionable. Tampoco se doblega ante consejos como sacudir un poco la cúpula de la Gendarmería que actuó en Chubut o trabajar sobre la justicia sobre un cambio de carátula para sacar del escenario la frase “desaparición forzada de personas”, que hiere cuando circula por el mundo y gatilla un arco de opinión que salpica las mejores intenciones de Buenos Aires. Todos prefieren callarse cuando se bajan esas consignas; los pocos que se atreven a contradecirlo ven cómo los colegas le rehúyen a la mirada, pero, apenas se retira Macri, los palmean con gesto de: por fin alguien se anima a decirle lo que piensa. Eso se llama cápsula de poder. Protege, pero no deja mirar hacia afuera.

Faltan funcionarios con “horas Carlotto”

El asunto Maldonado se come la mayor parte de las reuniones, que se desangran en el comentario de noticias sobre las que no se pueden hacer nada. El modo mismo como Macri introduce el tema es áspero: “¡Maldonado!”, reclama en voz alta para desencadenar el diálogo que nadie quiere iniciar. El gobierno paga aquí que le faltan funcionarios del palo de la defensa de los derechos humanos. Necesitaría veteranos con muchas, no digamos “horas Bonafini”, pero por lo menos muchas “horas Carlotto”, que transmitan empatía mutua. Algo así como lo que logra Jorge Triaca en la relación con el planeta sindical. Lo conoce, lo escucha, lo contiene, porque es del palo. Lo más cerca que tiene de ese rubro el oficialismo es Santiago Cantón, ex Alianza, hoy con María Eugenia Vidal, que cumple un rol parecido al que tenía Alicia Pierini en el gobierno de Menem, o Eduardo Luis Duhalde durante el ciclo Kirchner. Dramático para un Macri que podría decir en público: yo he sido víctima de la brutalidad policial, fui secuestrado por la banda de los comisarios. Nadie puede decir algo parecido, pero ahora es tarde.

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